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 9... Anabella

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MensajeTema: 9... Anabella   Mar Ene 18, 2011 3:28 am

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Anabella


Era una noche tormentosa y oscura, las calles estaban vacías y el único ruido que se podía escuchar era el de la lluvia golpeando contra el asfalto, y a veces sonidos raros que venían de descampados cercanos al lugar.
Verónica estaba en el subte volviendo hacia su hogar que quedaba en los suburbios de una gran ciudad. Ella asistía a la universidad pública del estado, y pensaba estudiar para recibirse de abogada. Además de eso, ella era una de las “populares” en su colegio, pero esto no influía en la excelente alumna que era, siempre cumplía con todo lo que se le exigía y tenía las mejores calificaciones de cada clase. Lamentablemente su familia era algo pobre y no se podían dar todos los lujos que quisieran, por eso Verónica estudiaba para recibirse como abogada y algún día poder ayudar a su familia.
Ese había sido un día común y corriente, había sacado tres dieses y dos nueves en los exámenes que les entregaron ese día, en los tiempos libres se junto con sus amigas y se encontró por el pasillo con Anabella, una chica la cual nunca pudo entender su extraño comportamiento. Anabella era una chica rara, algo tímida, pero cada vez que Verónica se acercaba a ella, inventaba excusas o hacía oído sordo a lo que decía. Ella provenía de una familia religiosa y lamentablemente era un blanco fácil en las burlas de sus compañeros, por eso Verónica trataba de ayudarla, pero lo que ésta no sabía, es que Anabella guardaba rencor contra Verónica, ya que tenía celos de que pudiera hacer todo lo que ella quiso y que por sobre todo fuera linda. Al principio esto no le molestaba, pero un día se enteró de que Federico, el chico del cual Anabella se había enamorado desde sus primeros días en el instituto, ese ser tan preciado, se le había declarado a Verónica una tarde de invierno, y desde ese día Anabella no pudo disculparla, si bien ella no habría tenido la culpa.
Verónica volvió en si y alejó los pensamientos de su cabeza… era la mitad del viaje y ya eran las diez de la noche…
Solía ir en ómnibus, pero esta vez salió mas tarde de lo común y tuvo que ir en el único transporte que consiguió.
Ya quedaban pocos pasajeros, si no se equivocaba ocho exactamente, contándose ella y el chofer. La verdad es que tenía un poco de miedo, ya que dos asientos detrás de ella había un par de jóvenes adolescentes que la miraron todo el viaje, al lado de los jóvenes, un señor que actuaba particularmente extraño, miraba en dirección hacia fuera, y la luz de la luna daba a contemplar una cicatriz en su cara, que parecía hecha con un cuchillo, sus ojos eran verdes brillantes y era totalmente calvo. En el asiento llevaba consigo un bolso grande, Verónica trataba de no mirar hacia aquel lado ya que ese tipo le causaba escalofríos. Por último, en lo últimos asientos se sentaban tres señores mayores que no paraban de susurrarse entre ellos como si estuvieran planeando algo.
Ya iban por la mitad del viaje, cuando Verónica empezó a escuchar las voces de los adolescentes, con miedo pero curiosa, se acercó a escuchar por encima del asiento… Esa chica si que está linda… mira esto: ¡Eh, hermosa! ¿Por qué no vienes aquí? nos divertiremos…
Esto último no hacía falta tener que acercare para escucharlo, ¡le habían gritado a ella! Verónica se puso nerviosa, faltaba una hora para que termine el viaje… y Verónica cayó en cuenta de que al terminar, sería muy tarde y tendría que irse sola caminando a su departamento… y con esos chicos persiguiéndola…
De repente, las luces se apagaron, y el subte quedó sumergido en la oscuridad, cuando una sombra se le acercó y comenzó a acorralarla, entonces gritó lo más fuerte que pudo, pero el temor ahogó el grito, ahora Verónica cerraba los ojos esperando lo peor, pero sin embargo, allí seguía. Cuando abrió los ojos, el guardia estaba a su lado y las luces estaban prendidas. Volvió en sí y le agradeció al guardia por haberse preocupado, avergonzada por la escena que había pasado.
Pero aún se seguía preguntando por la sombra, ¿Habría sido alguien? ¿Qué quería hacerle? Entonces miró por encima de su asiento, allí estaban: los dos jóvenes riéndose mientras que contemplaban lo que hacía Verónica. ¿Habría sido uno de ellos?, quizás le habían querido jugar una mala pasada y asustarla, pues, si hubiera sido así, lo lograron.
Verónica no aguantaba más, era muy asustadiza, y estos chicos seguían mirándola con alguna intención, pero al final terminó por relajarse. Faltaba media hora para terminar, y las luces se apagaron misteriosamente de nuevo, y ésta vez, era muy oscuro como para ver nada. Aún así, una sombra, más oscura que la oscuridad misma, se acercaba a ella… todo estaba tan oscuro, y esa silueta negra sobresalía de tono, y parecía querer hacerle algo. Las luces se prendieron y Verónica se dio cuenta de que se había acurrucado en el asiento y esperando inmóvil que pasara algo, pero tan de repente se encendieron las luces, la sombra desapareció.
Ya habían llegado al último destino, y Verónica debía bajar allí para luego caminar siete cuadras y llegar a su departamento. No era un tramo fácil, pero por lo menos en ese camino podría pasar frente a la iglesia, y rezar por que no le pase nada. Así que salió apurada, y no miró hacia atrás en ningún momento, ya que la idea de que alguien podría estar siguiéndola la asustaba muchísimo.
Salió caminando por medio del asfalto, ni un solo auto se divisaba ni siquiera en la distancia. Por primera vez, a mitad de camino, se tranquilizó y miro hacia atrás: Los jóvenes del subte la seguían disimuladamente una cuadra atrás. Se apuró en llegar a la vieja iglesia que se alzaba unos metros frente a ella, y sabía que ni bien llegue se quedaría el tiempo que fuese necesario, velando por que no le pase nada. Pero de repente, al pasar por la iglesia, en ese mismísimo instante que uno de sus pies rozó el asfalto que coincidía del primer pilar de la iglesia, la misma sombra que se le apareció en el subte, esa sombra tan obscura, se le apareció frente a frente y comenzó a llevársela con ella… para siempre…
Y nadie se dio cuenta que en ese mismo momento, en el otro lado de la ciudad, Anabella estaba encerrada en un cuarto con diez velas encendidas, una foto de Verónica en medio y un rosario en la mano…
-Verónica, desaparece de éste mundo, que tu propia sombra, esa que te hace tan particular, que todos adoran y desean, que esa misma sombra te devore y te lleve con ella para siempre…

Los días pasaron y en el instituto nadie sabía que había pasado con Verónica, muchos salieron a investigar, pero sin resultados. Sólo Anabella parecía estar feliz de su desaparición, algo que nadie notó en tanta confusión, pero aún así ella que ya nada volvería a ser como antes…

______________________________

Administrando muy duro el Imperio:
 

Si no puedes ser un buen ejemplo,
entonces deberás ser una terrorífica advertencia  
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