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 Podría estar muerto

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Invasora Paranoica
Soldado Irken
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MensajeTema: Podría estar muerto   Vie Abr 08, 2011 5:00 am

Pero no es así...."

Este es uno "viejo" sobre Johnny. Escribí el "boceto" hace poco más de un año para un juego de FanFics gore entre una amiga mía y yo.

Me gustó la idea que presento en los primeros párrafos y hasta por lo menos la mitad de este episodio; por ello decidí rescatarla y construir un FanFic que fuera más "oscuro" y definitivo.

Me gustó mucho así que lo subí a FanFiction hace más de medio año y lo terminé prontamente, es relativamente corto y solamente tiene una única parte (a diferencia del Fic de Invasor Zim que solamente tiene dos y sigue la tercera en construcción) por ello no hay tanto problema.

Aquí el "nivel" de madurez en el lenguaje obviamente es más alto, lo utilizo bastante y sinceramente me parece un Fic mucho más entretenido, gracioso e interesante que el de Zim.


Los episodios son mucho más largos, o al menos lo suficiente como para dar a entender mis ideas.



Espero que les guste.




I

El Homicida y El Niño


¿Podrías creerme si te digo que tengo la que es probablemente la historia más enferma y patética de todas? Bueno, no estoy diciendo exactamente que es mala para escucharse; pero definitivamente sí resulta mala si eres de las personas cuerdas que prefieren no haberse enterado de nada cuando vas a la mitad de la narración y desean con toda su alma no haber escuchado ni una sola palabra…

¿Por qué digo tal cosa? Bueno, esta historia que sé, habla de cosas bastante poco comunes, para ser más precisa se trata acerca de asesinatos, sucesos paranormales, torturas enfermas y muertos que regresan de la vida…

Pues, bien, ya que creo que he aclarado el punto supongo que es hora de que te hable mas o menos de lo que ocurrió: Esta historia dicen que sucedió hacía ya algunos años cerca de esta ciudad y más específicamente cerca de esas casas raras donde la gente dice que el flaquito loco acostumbra andar.

Según tengo entendido surgió el problemilla allá por el próximo mes de mayo que se acerca, pero de hace dos o tres años….

Era un bonito martes, tú sabes, de esos días en los cuales das gracias de estar bien vivo y dispuesto a hacer tus actividades diarias con una sonrisa enorme en la cara y saludando a medio mundo (incluso a tu horripilante vecino) y con los pájaros trinando en el árbol de tu jardín principal…

Era cerca del medio día cuando comenzó esta historia y de la cual con todo gusto puedes prescindir a la mitad si lo deseas, pues como ya dije antes: Si eres una persona cuerda muy probablemente desees no haber escuchado nada…

Un hombre de anteojos y pésima actitud se acercó a la casa vecina; un terreno descuidado con bastantes marcas de abandono y maltrato: Con el pasto creciendo irregularmente, más de cinco tablas de la cerca botadas de aquí a allá y las lúgubres ventanas con tablas carcomidas a medias atravesándolas de forma pésima dejando ver hacia dentro de la casa una enorme y creciente oscuridad aún para la hora del día.

Aquel hombre llevaba a un niño pequeño de la mano, de unos siete u ocho años con unos enormes y brillantes ojos castaños; la clase de niños lindos que das gracias de haber tenido y que sin embargo aquel hombre veía como estorbo. Subió los dos pequeños escalones de aquel camino de asfalto en pésimas condiciones y se dispuso a tocar grosera y bruscamente la puerta pese a una hoja de papel pegada con cinta que decía en letras negras y bastante torcidas tal cual una cola de rata: ¡EL TIMBRE NO SIRVE, AGARRA UN NÚMERO Y ESPERA TÚ TURNO!

-¡Abre la puerta cabrón! –Gritó aquel hombre pegando con el dorso del puño cerrado. -¡Apúrate, no tengo tu tiempo!

-Tal vez no esté en casa. –Dijo el niño intentando evitar que su grosero e ignorante padre de gafas brillantes y barba pésimamente recortada hiciera cualquier estupidez. Abrazaba tiernamente a su amigo; un abominable oso de felpa con varias costuras y un solo diente en la boca.

-Cállate. –Dijo su padre sin mirarlo. -¡Abre la puerta! ¡De prisa!

Se oyeron algunos pasos ligeros detrás de la desgastada puerta y de pronto se pudo escuchar un ruido: Estaba quitando un sin fin de seguros y cadenillas. Entonces se entreabrió la puerta y apareció un enorme ojo ojeroso a más no poder con una única e insignificante pupila negra acompañada poco a poco de la mitad de un flaco y pálido rostro.

-¿Sí? –Preguntó aquel muchachito con voz curiosa e indiferente a la vez. -¿Por qué toca mi puerta de esa forma tan grosera? ¿Acaso no sabe leer? Puse una hoja desde ayer y al parecer nadie la ha respetado. –Comenzó a menear aquella pupila como si recordara de pronto. –Primero una fastidiosa ancianita me pide limosna para su convento, creo que era monja y no tenían dinero para el comedor y luego ese asqueroso niño cerdo que vive a dos casas de la mía, siempre me molesta con sus lloriqueos mendigando que los vecinos le demos golosinas porque su obesa madre lo ha puesto a dieta en vez de ponerse ella a dieta y la peor de todos fue esa loca desquiciada que vendía corbatines… Incluso intentó entrar a mi casa y hacer que me probara casi todo el maletín.

Abrió la puerta totalmente y apareció por fin, aquel niño al mirarlo gimió y se ocultó detrás de su padre agarrándolo del pantalón.

Era sin duda una imagen magnífica: Un muchachito jodidamente raquítico y bastante alto apenas entrado en la veintena y bastante extraño. El cabello alborotado y cortado tan disparejamente como si al cabrón lo hubieran volteado y arrojado a una podadora. Lo más extraño era su forma de vestir: Una playera ligera de manga larga hasta debajo del codo y con los bordes irregulares como si estuviera deshilachada; de rayas y con un estampado en el pecho mostrando un vampiro de colmillos gruesos, de enormes orejas caídas, calvo y con cara de conformismo absoluto.

Un pantaloncillo hasta debajo de la rodilla, y unas largas y brillantes botas negras que comenzaban casi debajo del pantalón: Todo un amor ese sujeto; se llamaba Johnny; Johnny C. y a pesar de vivir solo en aquella casa que se caía a pedazos también era la clase de sujeto del cual debes cuidar no hacerle ninguna ofensa.


-Pero usted ha sido el más grosero de todos. –Dijo aquel muchacho con voz algo conformada. –Hmm, bueno, ¿Y qué desea?

-Vine a dejarte un regalo. –Dijo y tanteando hacia abajo con la mano izquierda comenzó a buscar al niño. -¿Dónde estás? Oh, sí. –Y al encontrarlo lo empujó casi hasta los pies del muchacho.

-Ahhhh, un niño. –Dijo enternecido. –Espere, yo lo conozco. ¡Hola Squee! –Dijo palmeando la cabeza del muchachito que casi se meaba del susto.

-Ya que se entienden te lo dejo.

-Hey espere, ¿Por qué hace tal cosa? –Preguntó el chico regresando la vista hacia aquel hombre.

-Mi mujer y yo nos largamos de la ciudad y no quiero andar cargando con ese adefesio, además debo alimentarlo y eso me provoca muchos gastos.

-Ah, ya entiendo. –Dijo Johnny. – ¡Le deseo un buen viaje y no se preocupe, yo cuidaré de Squee!

-Como si me importara. –Y entonces se fue dejando al niño con aquel muchacho dirigiéndose hasta su auto estacionado frente a la casa setecientos setenta y siete. En cuanto entró a él pisó el acelerador y nunca más lo volvieron a ver.

-Y bien, Squee, ya que tú y tu amiguito ahora van a vivir en mi linda casa, ¿Qué les gustaría hacer? –Preguntó Johnny con una sonrisa en el rostro.

-Squee… -Dijo aquel niño asustado de entrar a la casa de su vecino: Un lugar casi a oscuras con muebles viejos y sin pintura en las paredes o en el techo. Tenía extraños cuadros en algunas paredes y bastantes grietas de aquí para allá.

-Ah tranquilo Squee, nada malo ocurrirá siempre y cuando no te separes de mí, de lo contrario muy probablemente te caigas al tropezarte con uno de tantos clavos y te rompas la cabeza desangrándote horriblemente sobre mi piso de madera con los ojos bien abiertos o te pierdas y mueras de hambre si es que las ratas no te encuentran antes y te devoran vivo pedazo por pedazo.

En verdad aquel niño casi se orina tras haber oído tales cosas.

-Pero nada de eso sucederá porque todos nos vamos a llevar de maravilla. ¡¿Qué tal un plato de galletas y un vaso de leche fresca? ¡Nos sentaremos todos como amigos y conversaremos toda la tarde!

Squee sonrió: ¿Puede Shmee tener un asiento también? –Dijo alzando a su oso de felpa.

-¡Claro que puede! –Dijo Johnny y tomó a Squee del brazo jalándolo alegre e insanamente hacia la cocina.

Una cocina deplorable con un desayunador y cuatro sillas en cada lado; una única lámpara casi despegándose del techo y un reloj sobre la pared casi sin pila.

Squee se acercó al desayunador y retiró lentamente una silla; se sentó y retiró otra sentando a Shmee.

Johnny abrió el refrigerador y salió una cucaracha de éste que corrió velozmente hacia un boquete de la pared.


-¡Ese Señor Samsa! Le he dicho una y mil veces que me asusta verlo pasearse por mi casa. ¡Pero insiste en regresar! Simplemente ya no sé que hacer –Gritoneó desesperado y tomó un sartén de una perchera que tenía cerca del fregadero.

-Venga Señor Samsa, venga. –Dijo canturreando mientras se acercaba al boquete de la pared y se agachaba mirando el hueco totalmente oscuro. –Venga, venga, no voy a hacerle daño, sólo quiero que aclaremos las cosas. –Intentaba meter el enorme y ojeroso ojo izquierdo por aquel boquete para buscar a la maldita cucaracha; casi besaba el piso y su nariz alejaba el polvo con su respiración de tan agachado que estaba.

-Eh, no creo que aparezca. –Comenzó a decir Squee. –Lo has asustado.

-Ah que mal. –Dijo triste agachándose más con la barbilla pegada al suelo y el culo bien alzado. –Espero que aparezca pronto. –Finalmente puso ambas palmas sobre el suelo y colocándose en posición de rana saltó hábilmente y se incorporó en dos piernas con el sartén en la mano izquierda.

-Pero bueno, estábamos en nuestro almuerzo. –Dijo caminando hacia el refrigerador y acomodando el sartén en la perchera. –Tengo muchas ganas de conversar un gran rato contigo y con el buen Shmee.

Sacó un galón entero de leche, dos vasos largos de la repisa y los dejó cerca de Squee: -Tú ve llenando los vasos en lo que saco las galletas y el plato. –Dijo acercándose a la alacena.

Squee asintió y abrió el galón de leche; con todas sus fuerzas de niño posibles comenzó a llenar los vasos derramando parte del fresco líquido que caía de la mesa.

-Ahora, dime, -Comenzó a decir Johnny mientras acomodaba las galletas en un plato enorme. -¿A dónde van tus papás?

-No-no lo sé. –Respondió Squee gimiendo de lo pesado que resultaba cargar aquel galón, sus bracitos temblaban esforzándose por llenar el otro vaso. –No me quisieron-quisieron decir.

-Que mal. –Dijo Johnny llevando el plato a la mesa. –Vi a tu papá más furioso que antes. Parecía que tenía agruras o algo de la horripilante comida de tu madre le hizo mal.

-Tal-tal vez. –Dijo Squee dejando el galón sobre la mesa nuevamente. –Aquí está tu vaso.

-Gracias. –Johnny palmeó la cabeza de Squee sentándose en medio de él y de Shmee.

Toda la tarde conversaron a gusto sentados en la cocina y comiendo galletas a más no poder. Johnny no era un mal muchacho y apreciaba bastante a su vecino del setecientos setenta y nueve aunque sea a su modo. Realmente quería que él y su amigo se sintieran a gusto en su nueva casa.

Todd Casil, mejor conocido como Squee, también se la pasaba bien en compañía de aquel loco, al menos él y su extraño amigo del infierno eran los únicos seres que en verdad sentían aprecio por él; aunque deseaba ser más optimista y constantemente se hacía creer a él mismo que sus papás realmente lo querían también.

Eran cerca de las ocho de la noche cuando Johnny le mostró a Todd y a Shmee su nueva habitación. Ésta se ubicaba cerca de la inmensa planta baja de la casa de Johnny; una habitación si bien no era perfecta; al menos parecía acogedora y extrañamente si ningún boquete o descuidada, todo lo contrario.

Una habitación si bien pequeña al menos tenía una linda ventanita con cortinas limpias y todo que daba al lado de las otras casas y con una limpia cama bien tendida. Una cómoda de madera con una pequeña lámpara y un ropero mediano: Definitivamente se sentiría a gusto en aquel lugar.


-¿Dónde duermes tú, Johnny? –Preguntó Squee sentándose en su cama.

Su amigo entonces comenzó a reír con ganas. Squee se sobresaltó.

-Yo, mí querido amigo. –Comenzó a decir sentándose a la diestra del exaltado chico. –No duermo, es un desperdicio enorme de tiempo y sé que tú necesitas hacerlo porque eres bastante bajito y apenas estás creciendo… En cambio yo, no tengo porqué hacer tal cosa. ¡Así estoy bien!

En verdad era Squee bajito a comparación de Johnny: Su altura apenas alcanzaba a cubrir la mitad de las espinillas de su vecino.

-¿Y no te puedes morir por eso? –Preguntó Squee con ojos bien abiertos y jalando a Shmee hasta su regazo.

Johnny se quedó callado con los ojos casi saliéndosele de las cuencas y sosteniendo una enorme sonrisa en el rostro mientras miraba hacia el frente.

-No-no me puedo morir. –Dijo entonces como si estuviera tieso. –ESO…no me hace morir.

Squee no entendió si "eso" era el hecho de padecer insomnio voluntario o si se trataba de un "ALGO"

-Pero basta de charlas. –Dijo Johnny volviendo en sí de repente. –Hora de acostarse.

-¿Me lees un cuento antes de dormir? –Preguntó Squee sonriente.

-Oh bueno, veamos, no me sé ninguno, pero seguro que en tu otra casa tenías muchos cuentos. ¿Traes alguno?

-Ha decir verdad no. –Dijo Squee algo triste.

-No te preocupes, mañana a primera hora iremos a la tienda de libros y te compraré un libro. ¡Le diré a mi amiga que… nos… ayude… a-elegir-uno… -Y de pronto se quedó callado de nuevo. Esta vez como si se estuviera perdiendo poco a poco en los abismos del tiempo, hacía ya mucho, recordando poco a poco muchas cosas buenas y a la vez desagradables…

Squee lo miró atento: Johnny tenía un semblante algo melancólico y sin parpadear sus ojos decían claramente tantas cosas; entre ellas bastantes "Porqués" y bastantes "No debí pensar en eso"…

-¿Te pasa algo? -Preguntó Squee abrazando a Shmee sin dejar de ver al flaquito aparentemente hipnotizado.

-¿Eh? No-nada. –Dijo el muchacho volviendo en si otra vez. –Hasta mañana a ambos y si necesitan algo sólo griten. Estaré en el sótano haciendo unas cosas.

Squee asintió y muy alegre se dispuso a destender su cama mientras Johnny cerraba la puerta lentamente sonriendo por la compañía de su nuevo amigo.

De pronto cambió su semblante y bastante más ojeroso se dispuso a bajar rumbo a las entrañas mismas de su infinita casa…. Hacia el sótano.

Tragaba saliva una y otra vez y pensaba en varias cosas a la vez… Comenzó a menear los dedos frenéticamente mientras más y más bajaba; parecía nervioso o desesperado. Sudaba frío y miraba a todos lados meneando lentamente las pupilas de aquí para allá intentando encontrar algo que no podía ver y que sentía lo miraba.

Intentando encontrarse a tiempo con algo o con alguien que lo acechaba y se burlaba de él en la creciente oscuridad de aquel lugar. Las escaleras rechinaban a cada paso entre más bajaba y uno por uno varios pósters desmoralizadores y sarcásticos comenzaron a aparecer en la pared: Johnny se estaba acercando.

Finalmente cuando llegó a las entrañas de su hogar se detuvo frente a una puerta de madera desgastada y acercó lentamente la mano a la perilla. Ahí permaneció unos segundos, como si sintiera la esencia misma del metal… Suspiró en un acto quién sabe Dios si de reunir fuerzas, valor, coraje, maldad o de lo que haya sido.

La apretó fuertemente y giró abriendo la puerta lentamente con un poderoso y agonizante rechinido.

La oscuridad misma parecía manar de aquella habitación a la cual Johnny entraba poco a poco y entonces sintió que era observado… y entonces se resignó.

Entró por completo cerrando aquella puerta de golpe y entonces muy lejos de donde estaba; a espaldas suyas y donde no pudiera ver: Dos enormes y brillantes ojos con un abominable y bien marcado espiral en cada uno de ellos aparecieron sobre una enorme y macabra sonrisa dejando ver una hilera de aborrecibles colmillos brillantes y poderosamente afilados.

Aquel hombre de cuerpo menudo caminó adentrándose poco a poco en aquel cuarto totalmente a ciegas. Las tablas bajo sus pies producían un ruido horrible y angustiante provocando ecos mortíferos por cada parte de aquel abismo de miles de paredes.

Entonces al escuchar cómo aquel pobre ser se acercaba; aparecieron muy cerca de él unos ojos grandes y mucho más brillantes que los anteriores: Sin ninguna especie de marca en ellos y una enorme sonrisa perversa apareciendo poco a poco bajo ellos.

Lo sentían, sentían venir a Johnny; lo sentían cerca y sentían su energía darles vida nuevamente desde lo más profundo de sus malditas entrañas…

De improviso el chico buscó a tientas un contacto y logró hallarlo a poco metros a su izquierda. Tanteando la fría pared agrietada de aquella habitación encendió la luz que parpadeó y se debilitó intentando mantenerse poco a poco: Una lámpara colgaba del techo y un miserable foco vacilante intentaba alumbrar al muchacho.


-Ya nos tenías muy olvidados, Johnny. –Dijo una voz detrás de él: Una voz dura, agresiva y macabra que hablaba con cruel ironía. Sin embargo aquel muchacho ni siquiera se asombró. Resignado suspiró y volteó el cuerpo; esperaba escucharlo tarde o temprano y pensaba en ello desde el momento mismo en que decidió bajar al sótano y encontrarse con ellos…

Se encontró entonces con un aborrecible muñeco de ropas y sombrero negro; parecido a un cerdito cocinero y con aspecto maléfico.

-¿Hace cuánto que no nos veíamos? ¿Dos, tres meses? –Preguntó aquel monstruo acercándose a Johnny con las manos tras la espalda y conservando una sonrisa bastante perversa en el rostro blanco y ojeroso.

-No lo sé, no lo recuerdo. –Respondió Johnny evasivo cerrando los puños y mirando a un lado: Al piso.

-Qué conveniente.

-¿Cómo diablos quieres que recuerde? –Habló de pronto otra voz apareciendo desde el otro extremo de la enorme habitación; por donde la oscuridad aún reinaba y seguiría reinando por siempre. Era el otro pequeño y aborrecible ser. -¿Acaso crees que somos tan importantes en su vida como para que él haga tal cosa? –Habló fingiendo; otro cerdito cocinero, de ropas y sombrero blanco y la mismas intenciones maléficas que su compañero.

-Dinos, Johnny. –Comenzó a decir aquel cerdito de ojos en espiral acercándose hasta donde estaba el muchacho: -¿A qué debemos el Señor Eff y yo el honor de tu visita?

Johnny no dijo nada, tan sólo los miró.

-¿No puedo acaso venir a ver cómo estaban mis viejos amigos? –Dijo queriendo sonar convincente y lo único que consiguió fue que ambos cerditos se rieran de él en lo más profundo de su interior.

-Sí… Sí que puedes. –Habló el primer puerquito; El Señor Eff como lo había llamado su homólogo: El Psicópata Chico Masa*

-Y qué bueno, porque tenemos mucho de que conversar, espero tengas dónde sentarte, porque será una larga conversación.

Johnny entonces tragó saliva y asintió esperando salir vivo al final…

*La mejor traducción que se me pudo haber ocurrido del nombre original…
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MensajeTema: Re: Podría estar muerto   Vie Abr 08, 2011 5:24 am

AAARGGGHH
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MensajeTema: Re: Podría estar muerto   Vie Abr 08, 2011 3:23 pm

Absolutamente de acuerdo con Cute Dark. *-*
Completamente asombroso. ♥

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Invasora Paranoica
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MensajeTema: Re: Podría estar muerto   Dom Abr 10, 2011 4:00 am

Este es uno de los mejores episodios de todo el FanFic.

2

El Sótano


Fue entonces que Johnny se sentó en el borde de una mesa ubicada a pocos metros de donde se había topado con sus viejos "amigos". Caminó unos cuantos pasos sintiendo sus ojos clavarse cruelmente sobre él y sin embargo prefirió hacer cualquier cosa que desearan para evitarse problemas.

-Ahora Johnny, -Comenzó a decir Eff. –Cállate como hasta ahora y presta mucha atención, porque de esto depende tu futuro y el de tu querido amiguito.

-¿Ahora por qué van a meterlo a él? –Preguntó Johnny mirándolos exaltado.

-Escucha, escucha y luego hablas. –Dijo el chico masa. –Lo que queremos decirte es en serio y no vamos a permitir que cometas otra estupidez como siempre acostumbras a hacer.

-¿Entendido? ¿Sí? ¡Bien!

-¿Por qué diablos nos encerraste aquí y nos dejaste a oscuras? Eres un ser desalmado, tanto que hemos hecho por ti y así nos lo agradeces.

-Creo que el problema fue por que alguien se pasó de listo con él la última vez. –Dijo irritado el Señor Eff volteando a ver a su compañero.

-¡¿Qué? ¿Ahora me culpas a mí? –Preguntó el otro ofendiéndose. –Eres un pendejo, aquí el único culpable es este mequetrefe que nadie quiere y tú te atreves a decir que yo provoqué nuestro encierro. –Y de pronto se volteó de cuerpo entero escupiendo mientras se defendía.

-Yo sólo estoy diciendo que tú fuiste el que orilló a nuestro Johnny a hacer tal cosa. –Dijo Eff encarando al Chico Masa. Nny tan sólo los miraba con ojos bien abiertos esperando a que ambos se mataran entre sí y lo dejaran tranquilo de una vez por todas.

-Ah, oh, ya entiendo. –Dijo el Chico Masa en un tono como de quien descubre una mentira contra su persona. -¡Tú y Johnny están en mi contra! –Y señaló a Eff con ojos bien abiertos. –Se aliaron contra mí para destruirme y pasaron los últimos tres meses fingiendo no conocerse para que yo saliera dañado al final. –Una sombra malévola oscureció su blanco rostro haciéndolo lucir aterrador y posesivo. –Pero no les va a funcionar. –Dijo susurrante y dispuesto a sacarle los ojos a ambos de un jalón en cuanto se descuidaran.

El Señor Eff comenzó a reír como psicópata escupiendo hacia el piso: Una risa escalofriante y ruidosa salió del pequeño cuerpo de aquel adorno de pared.

-¡Pero qué pendejo estás! ¡Claro que no! ¡A este payaso no le he vuelto a hablar bien desde que quemamos a la,

-¡BASTA! –Gritó Johnny exaltándose y ambos adornos lo voltearon a ver olvidando por un momento sus asperezas.

Ambos adornos miraron con semblante de incredulidad al pobre y loco muchachito.

-Estoy tan harto. –Dijo Johnny intentando relajarse; respiraba bruscamente y los miraba con los ojos bien clavados en ellos. –Quiero saber, ¿Por qué me llamaron?

-¿Te llamamos? –Preguntó El Señor Eff.

-Sí, sí me llamaron, lo hicieron, me llamaron. –Dijo Johnny sonriendo de medio lado: Estaba volviéndose loco otra vez o más bien lo estaban volviendo loco, tal y como lo habían planeado y Johnny estaba cayendo directo en la trampa…

-Queremos pedirte perdón por la última vez. –Dijo el Chico Masa acercándose a Johnny y colocando sus manos sobre el muslo izquierdo del pobre chico desquiciado. –Sé que Eff y yo no nos portamos nada bien contigo… En especial Eff… Pero, perdónanos, de todo corazón lo decimos. –Lucía patético y más falso que nada. Tan hipócrita y soltando veneno en cada palabra… Qué mal que Johnny estaba demasiado confundido que por eso se seguía tragando el queso que le estaban dando por pedazos.

-Sí, él tiene razón. –Dijo el Señor Eff acercándose también y agarrando el muslo derecho de Johnny. –No quisimos portarnos así, por eso te llamamos desde hace días y tú jamás nos escuchaste.

-Entendíamos que estabas demasiado molesto por lo de la otra vez, por eso esperamos.

-¡Y aquí estás ahora! ¡Más felices el Chico Masa y yo ya no podemos ser por el momento! ¡Todo lo que queríamos era volver a verte y que nos siguiéramos hablando como siempre!

-¿Nos perdonas, Johnny? ¿Nos perdonas? –Pregunto El Chico Masa sonriente y Eff hizo lo mismo con una patética y falsa mueca de arrepentimiento.

-Anda, perdónanos…. Juramos no volver a pasarnos de listos.

-Está-está bien. –Dijo Johnny y meneó la cabeza hacia arriba y abajo asintiendo. Entonces ambos adornos comenzaron a carcajearse en el interior.

Sin embargo mantenían una sonrisa "honesta" en el rostro y miraban a Johnny con los ojos más "puros" que podían hacer.

-¿Y a final de cuentas, qué quieren de mí? –Preguntó Johnny con ambos cerditos en sus piernas.

-Ya te dijimos que queremos seguir como antes. Que sigamos teniendo confianza y mucha unión. –Dijo El Señor Eff aparentemente entusiasmado, su colega asintió con la cabeza y ninguno dejaba de mirar fijamente a Johnny a pesar de imaginarse tantas cosas tan distintas en sus perversas mentecillas.

Simplemente el Chico Masa no podía dejar de imaginarse a Johnny matándose a sí mismo y luciendo espléndido sobre el piso de madera mientras su sangre manaba y hacía feliz a su señor dejándolo en libertad…

Y simplemente El Señor Eff no concebía mejor final para Johnny que verlo matar gente una y otra vez con esa sonrisa desquiciada y deseoso de hacerlo hasta que alguien más acabara con él o simplemente encontrara a alguien para sustituir al muchachito.


-Pero ya que estamos como antes. –Comenzó a decir el Chico Masa. –Creo que ese niño, está de más.

-¿Qué me estás queriendo decir con eso? –Preguntó Johnny.

-Es obvio, muy obvio. Creo mi querido amigo, que debería irse. –Dijo el Chico Masa bastante decidido y con todo aconsejador y sabio.

-Y si no se va, al menos deberías hacer que se vaya. –Dijo el Señor Eff. –Tú sabes, el pequeño Todd no sería feliz aquí contigo.

-¿Por qué no? ¿Acaso ninguno de ustedes se da cuenta? ¡El realmente podría ser feliz conmigo!

-¿Como Devi? –Preguntó el Chico Masa con una sonrisa perversa en la cara.

Johnny se quedó callado intentando que aquel nombre no le produjera ninguna clase de incomodidad.

-No me lo tomes a mal Johnny, comenzó a decir nuevamente aquel adorno blanco. –Pero creo que ese niño sería una molestia bastante grande en nuestra nueva vida juntos. Además yo creo que en realidad no le agradas.

-Tú lo que quieres es que me sienta miserable. –Dijo Johnny exaltado mirando al Chico Masa y de pronto se puso de pie apartando a ambos puerquitos.

-Por supuesto que sí, -Comenzó a decir el Señor Eff. –Él no entiende mi idea de deshacerte de ese niño. Yo creo que sí te quiere pero que no es feliz ni mucho menos lo será contigo. ¿Sabes por qué?

-¿Por qué? –Preguntó Johnny cruzándose de brazos.

-Porque creo que pase lo que pase, nunca podrá olvidar todo lo que le ha venido aconteciendo. Acéptalo Johnny, sus padres no lo quieren y por ello lo han abandonado contigo aún pese a lo que tú o cualquier otra persona le puedan hacer. Ese hombre al que llama padre es un hombre miserable que desearía dejarlo botado a su suerte en cualquier oportunidad y aunque bien ya lo hizo te apuesto se arrepintió de no haberlo hecho antes… Y esa mujer a la que llama madre es una pobre enferma que ni siquiera sabe dónde carajos vive. ¿Crees que eso ha sido fácil para él?

Johnny se quedó pensando un momento bajando los brazos y mirando al Señor Eff acercarse poco a poco a él.

-Y eso no es todo, no te he dicho lo demás. Al parecer en su escuela tampoco lo tratan bien. Aunque el único aparentemente honesto es ese extraño niño demonio, pero te aseguro lo tratará mal al final o lo someterá a la fuerza… Y que decir de los que están con él: Terminan mal.

"Y yo, yo no quiero que tú termines mal… Yo te aprecio mucho y creo que lo mejor que podrías hacer por él, si es que realmente lo aprecias como dices, porque no dudo que lo hagas… Es… que le quites el dolor…

"Que lo hagas ir sobre las estrellas….

Johnny se quedó pasmado mirando la pared… -¿Sobre las estrellas? –Repitió susurrando y bastante pensativo.

El Señor Eff asintió con la cabeza y el Chico Masa aunque si bien no estaba complacido de que Johnny siguiera sin deprimirse; al menos estaba complacido de verlo bastante confundido y dispuesto a ver un espectáculo muy interesante…

-Sobre las estrellas…. –Dijo Johnny y comenzó a sonreír.

-¡Nooooo! –Escuchó un grito que lo liberó de aquel tentador maleficio. Ambos adornos entonces sintieron las entrañas arder de rabia. -¡NO JOHNNY NO LO HAGAS! –Johnny meneó los ojos y pudo ver clavado en la pared a un conejo muerto.

-No te metas, no te metas en esto. –Dijo El Señor Eff mirando agresivamente al cadáver de aquel corrompido animal.

-Por favor Johnny, no lo hagas, escúchame te lo ruego.

-¿Conejo? ¿Eres tú? –Preguntó Johnny esperanzado y caminando hasta el cuerpo del animal.

-Sí Johnny, soy yo. No los escuches, a ninguno, a ninguno. Ellos sólo quieren que cometas más atrocidades, sólo quieren que eches a perder tu vida, que arruines la poca o mucha felicidad que tienes y que dañes a tu amigo. ¡Ellos quieren que tú y Squee se separen!

-¿Por qué habríamos de querer tal cosa? –Preguntó ofendido el Señor Eff. –Lo único que estoy haciendo es que Nny le quite el dolor a ese pobre niño. ¡Eres un maldito conejo egoísta que sólo quiere a Johnny para sí mismo!

-¡No lo escuches Johnny! ¡Tú no quieres que Squee sufra!

-Claro que no quiero que Squee sufra, es un Squee, mi amigo Squee. –Dijo Johnny pegándose a la pared y bien pegado al conejo.

-Entonces hazlo feliz, si está contigo es porque eres el único que puede darle una vida feliz ya que no la ha tenido. ¡El destino ha querido que terminara contigo y no con esos malos padres que tenía!

-¿Tú crees? –Preguntó Johnny.

-Claro que lo creo, ahora, ignóralos y escúchame solo a mí.

-¡No, no, no, NOOOO! –El Señor Eff se encolerizó por completo y despabiló de golpe a Johnny haciéndolo estremecer y volver la vista al adorno de pared.

-¡Hazlo ir sobre las estrellas! ¡Si tú no puedes entonces haz que el pueda hacerlo! ¡No seas egoísta! ¡No seas egoísta como sus padres! ¡No escuches a ese maldito conejo putrefacto que sólo quiere tenerte como títere! ¡Escúchame a mí y verás como Squee es feliz!

Eff se acercó nuevamente a Johnny y éste lo miró más confundido que nunca.

-Si lo haces ir… entonces verás al fin un bonito semblante de paz en su rostro… te lo juro… verás como aquel pequeño niño se siente aliviado y agradecido de que su mejor amigo Johnny lo haya hecho dejar de sufrir… Tú, Johnny, eres el único que puede hacer que deje de sentirse miserable… Hazlo por él… ¿Qué dices, eh?

Johnny alzó la vista agarrándose el brazo izquierdo con la mano contraria.

-Entonces irá sobre las estrellas….

-¡NOOOO! ¡NO! –Gritó Conejo de Clavo desesperado. -¡Hazme caso Johnny tú no eres malo, no lo mates, no lo mates!

Sin embargo Johnny caminó hasta una esquina y tomó del mango un hacha que estaba recargada en la pared.

Ambos adornos de pared comenzaron a reír estruendosamente dejando ver sus perversos deseos.

Y Johnny simplemente salió del sótano rumbo a la habitación de aquel niño dejando atrás a un conejo desesperado que le imploraba regresara a la normalidad y a dos maléficos cerdos llorando de risa…

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MensajeTema: podra estar muerto   Lun Ene 30, 2012 3:20 am

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o que gran escritura
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MensajeTema: Re: Podría estar muerto   Hoy a las 3:32 pm

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Podría estar muerto
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