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 005: El Cuadro

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MensajeTema: 005: El Cuadro   Mar Ene 03, 2012 4:24 am

Debo decir que no pude continuar luego con mi vida, muy as mi pesar, después de esto estos fantasmas me persiguen hasta hoy, el poder del terror y la desesperación fue gigante, pudo vencer al olvido.

Alguna persona más sosegada podría soportarse a si misma luego de esto, la vida continuaría con una simple carga sobre sus hombros, pero ese no es el caso.

Además, puedo asegurar que no estoy loco, al menos no falto de razón, pues podrán ver mi tranquilidad al relatar estos hechos, seré lo más breve y conciso posible, así los hechos podrán ser bien interpretados, pero de todas maneras no callaré mis propios pensamientos y opiniones pues quiero que vean los sucesos a través de mis ojos y mi punto de vista. No quiero que me crean un loco y un aberrado que solo comete lo que un impulso le manda, yo no soy asi, utilizo mucho mi cerebro en su totalidad y el terror no me sorprende muy seguidamente.

Pero en este caso el terror me derribó y me destruyó, me ataco por la espalda con sus garras puramente construidas con la sangre que cayó en ellas, sangre de los hombres excitables y estúpidos, como fui yo en ese caso. De todas maneras logre librarme de esas garras y en ellas no yace ni una gota de mi sangre, aunque si de personas de mi entorno que fueron irracionalmente apegadas a mi ser en mis peores momentos, se que yo no hubiera hecho lo mismo en otro caso, no soy una persona muy compasiva y no lo seria de un día para otro, aunque disfruto ahora la compañía de otras personas que antes me irritaba, tal vez me apetece ahora por su falta.

De todas formas esta historia nunca antes fue contada y tal vez sorprenda atrape a quienes la lean, es algo grotesco y horrible para mi, pero tal vez otras personas me creerían exagerado por estos pensamientos, es claro que no es mi caso, yo solo pienso que me afectó en especial por hechos anteriores que no contaré pues no están avalados por ningún tipo de pruebas, es solo mi certeza.

En mi niñez el arte en general me atrapaba curiosamente, siempre la música fue algo presente en mi vida, desde la primera canción que había escuchado, pero la literatura era mucho más apreciada por mi, desde pequeño volcaba casi exclusivamente mi potencial y creatividad en pequeñas narraciones.

Mi mente divagaba continuamente y eso era una ayuda ciertas veces y un obstáculo otras para el proceso de escritura. Mi amor por los libros y autoexclusión del mundo era por el simple hecho del exceso de pensamientos constantes y rápidos que llegaban a mi cabeza, tal vez eso me llevo a poder diferenciar cosas que posiblemente otros verían como inexistentes, tal vez también eso me llevo a mi temor a la muerte en mi niñez, la esperaba como algo horrible, que podía aparecer en cualquier lugar imaginable y llevarme, teniendo un extraño y especial interés hacia mi persona, exclusivamente. Ese temor luego lo forcé a convertirse en infundado al llegar a mi juventud, en ese momento mi integridad emocional dependía de que yo crea lo que yo mismo sabia disparatado e imposible, que la muerte no llegaría. Como podía ser posible tal cosa? Pero de esa forma logre llegar a la madurez, de ella poco recuerdo, fue muy agitada y mis ánimos no eran lo suficientemente buenos como para poder apreciar un momento y retenerlo en mi memoria, cosa que me forzó la situación a hacer en su momento, pues si me despertaba con una mujer del otro lado de la cama y un anillo al dedo sin recordar lo sucedido y que todos los hechos anteriores estuvieran sumidos en una copa de vino o una botella de wisky, mo podría seguir cuerdo?.

Mi mujer compartía ferozmente mi amor y pasión por la literatura, pero con ella vendría también una afición descontrolada por la pintura. Pronto supe prácticamente lo mismo que ella sobre este arte, cada detalle, cada técnica, cada nombre, mis recuerdos habían logrado ser menos difusos gracias a mi mujer, por eso lograba recordar sobre los cuadros, o tal vez la pintura me había quitado el alcohol por siempre y había puesto algo mucho más hermoso. Con mi esposa también llego una nueva visión de la muerte, la cual tanto me acosaba en mis primeros años.

Tome la idea de que la muerte es simplemente el final, como el final de una cena es lo que se espera y el final de cualquier otra acción realizada, por ejemplo beber, escribir, caminar vivir. Claro, la muerte era eso, el sentido de la triste existencia que tienen los humanos, animales, plantas y toda clase de organismos sobre la tierra. ¨La muerte es la solución de todos los males¨.

El dictador con una visión tan tenebrosa y horrible, y claramente con otras intenciones tras la frase que dijo esto, un concepto no del todo errado, fue Stalin.

Estas nuevas conclusiones que había sacado yo en un principio fueron un sedante para mis descontrolados nervios, pero luego analice la situación y luego de pasar del miedo a la felicidad encontraba un nuevo estado mental, la depresión. Estaba sumido en una depresión sin una justificación precisa, sino muchas dudas generadas por la desesperanza que me transmitía saber que me esperaba en la vida, la depresión me transformo en una clase de ermitaño monstruoso, sin ideas para la vida y sumido nuevamente en el alcohol y en los libros. Mi amor por la pintura me fue dejando tal como mi esposa, en cuyos ojos ya no veía más que un apoyo y preocupación obligados por la alianza que compartíamos, pero a medida que paso el tiempo y la disposición de mi mujer comenzaban a acabarse mis escritos se hacían mejores, más personales y más honestos. En ellos no volcaba todos mis pensamientos y sentimientos de una manera poco convencional, con comentarios de por medio y sin continuar historias lineales, sino con pequeños retoques de demencia e insalubridad mental, aunque debo repetir una vez más, no estoy, teóricamente loco, no estoy tampoco borracho en este momento y deseo que se continúe teniendo en cuenta y apreciando la situación desde mis ojos. Si repito esto es por la simple razón de que mucha gente se ha ido de mi lado por mi presunta insania mental, cosa que yo no apreciaría en este momento de buena manera, pues narrar mi historia es aterrador y horrible para mi.

Note que el amor de mi esposa había sido reemplazado por terror y odio me daba cuenta claramente de su molestia por mis pedidos y exigencias constantes que llenaban diariamente sus oídos, aún yo no ejercía violencia física ni verbal sobre ella pero mi poco movimiento y nula ayuda influía para mal en mi relación con mi mujer y yo era consciente de eso, lo que no significaba que hiciera nada para cambiarlo, pensaba que simplemente era una etapa del matrimonio, que yo era inocente y que ningún pretexto que utilizara para dejarme seria valido, pero esos pensamientos no lograban convencerme y así fue como sus diarias quejas por mi exclusión y depresión fueron acumulándose dentro mío e irritándome, tanto que llego un punto en el que mi subconsciente hablo por mi y golpeo por mi. La violencia que yo podía ejercer hasta un nivel aproximadamente sano había sido excedida, la vergüenza me invade ahora, pero antes no lo hacía, la demoniaca mujer llamada alcohol me había encantado y había suplantado todos mis amores, tales como el arte, la música y mi esposa, ellos estaban perdidos, pero aun yo no lo estaba, aun me guardaba una cuota de autocompasión y auto compresión suficientes como para no quitarme la vida, todavía conservaba la cordura, (aunque probablemente hasta este punto no lo crean) porque, ¿Qué es la locura? Incluyendo la definición técnica ¨Falta del uso de la razón¨ que está totalmente errada, pues se cree que un loco es un hombre con características similares a las de un estúpido, aunque eso no sea así sino en algunos casos cuyas dos definiciones sean correctas, en ese caso el hombre está perdido totalmente, pues un loco sin uso de razón no podría sobrevivirse a sí mismo, yo era consciente de eso, lo cual me tranquilizaba porque la razón era uno de mis fuertes y podía sumirme rápidamente en la locura, la cual lleva a un camino sin salida posible o imaginable.

La razón invade una cabeza, la acecha, la observa y la destroza, la rebalsa hasta el punto en que ella se termine enfermando a si misma, la locura, entonces es el uso excesivo de la razón.

Finalmente la irritación que empezó a mostrarse en mi me llevo de la demostración excesiva de mi hombría a los deseos profundos de matar a mi mujer, no eran simples pensamientos pasajeros, mi mente planificaba detalladamente la manera correcta de hacerlo, aunque ninguna de esas maneras me daba convicción suficiente, las ideas más disparatadas eran descartadas rápidamente por la imposibilidad de llevarlas a cabo y las más simples eran descartadas por su mera simpleza. Quería que nadie sorprenda ni una pequeña mancha en el piso. En el inicio mi obsesión con este asesinato inicio como una gran diversión, pero luego fue tomando forma de intento de homicidio, para luego convertirse en una idea seria, comencé a evaluar diferentes opciones para la acción. Al definirla claramente la descartaba y luego volvía sobre la misma. Así paso medio mes, mi interés se había transformado en ansias de que el momento llegue. Esas dos semanas nuestra relación mejoro, muy probablemente por mis intenciones de asesinarla. Mi proceder logro ser efectivo, me volví muy atento y comprensivo, logre ver nuevamente amor entre nosotros, pero eso no me podía distraer, yo debía cometer el homicidio, los planes estaban hechos y yo debía llevarlos a la práctica, se habían convertido en una obligación impuesta por mi mismo, pero no puedo asegurar que el alcohol me obligo a hacerlo pues durante esas dos semanas ni siquiera tiempo me quedo para el alcohol, estaba demasiado pendiente de mi esposa y de causar una gran impresión en ella, cosa que logre fácilmente. Hoy todavía me cuestiono al recordar su sonrisa de fascinación al pensar que todo se estaba reparando, con una ingenuidad que a mi me dibujaba una sonrisa aún mayor.

Finalmente llego el día en que mis planes finalizaron y mi paciencia no soportaba más, mi excitación se debía más al tiempo de planificación que al hecho mismo, esto último había perdido mi interés real, no veía ya razón o pretexto para lo que iba a hacer, pero no perdía su cuota de diversión. Los planes realizados durante tanto tiempo eran razón de más, o eso creía yo.

Iba a proceder con cautela, definitivamente, no quería ser obvio, no quería que ella sintiera terror, eso no haría mal al ser despreciable en que me había convertido, pero le quitaba parte del atractivo a la situación.

Prepare una cena de recuerdo, con platos de comida que no se iban a tocar siquiera, la escena era totalmente creíble, pero yo quería perfección.

Claro que la idea seleccionada no era la más elaborada de todas, pero la lleve a la práctica por razones varias que ahora no acuden a mi mente.

Al recibirla mi esposa se veía extasiada, sorprendida, aunque no más de lo que luego se sorprendería. Demostré mi falso amor de manera pegajosa, asquerosa, me alentaba mentalmente. La realidad es que mi actuación fue fantástica, aun me queda algo de amor propio para admitirlo. Mi mano rozaba siempre el candelabro de plata, ella no lo percibía, cosa que me despreocupaba.

En un momento lo alce sobre su cabeza y ella se llevó las manos a la cara, no gritó ni en el primero ni en el segundo golpe, cayó tendida a mis pies y para que todo fuera aún mejor ni una gota de sangre emanó de su rostro al caer, ni de su cabeza al recibir los golpes de mi arma asesina.

Removí el cuerpo con delicadeza, sosteniéndola con ambos brazos por encima del suelo, fui consciente al no arrastrarlo pues sobre el piso de madera se oiría suficiente ruido como para alertar a los vecinos, ya que los sentidos se agudizan por las noches.

Lleve a la parte trasera del jardín el cuerpo y ahí lo despedace, probablemente ella estaba aún con vida y la asesine despedazándola de una manera grotesca y horrible. Allí la enterré y me asegure de no dejar rastros, de eso me ocupe el resto de la noche, al amanecer me propuse descansar y fui a la cama con una sonrisa en mi rostro.

En la mañana siguiente, al despertar me cerciore nuevamente de que todo siguiera en orden y luego decidí informar sobre su muerte a todos los familiares y amigos, no evadí el detalle de que no habría funeral porque su muerte había sido tan abrupta que antes de hacer la despedida de su cuerpo debimos asimilar lo sucedido. Para cuando todos se pregunten sobre mi, habría desaparecido del ojo humano.

Bajé al sótano, me propuse quemar las posesiones de mi esposa muerta, pero una pintura me llamo en especial la atención, era un barco con un solo tripulante y de fondo el mar, no tenia nada especial pero supuse que tenerlo no me haría que toda la otra sucesión de hechos. La colgué sobre la cabecera de mi cama y note que se inclinaba sobre un lado, pero no me preocupó, extrañamente, inclinado como estaba podía apreciarse mejor la imagen del tripulante, aunque era difusa.

En ese momento empecé a preocuparme progresivamente, hasta rozar la desesperación. El tripulante era una mujer y tenía algo que yo podía reconocer. Si, se me ponía en evidencia claramente, la imagen me perturbó y tuve una sensación de inseguridad al tenerla tras mio al acostarme, aunque no me atreví a quitarlo de mi cuarto. Lo apoye del otro lado, viendo directamente hacia mi cuando estuviera durmiendo.

Al trabajo fui demostrando tranquilidad y tristeza, quería disipar toda duda posible sobre la muerte de mi esposa, descubrí una vez mas mi gran capacidad de simulación, aceptando los pésames que tanta gente me brindaba y el sentimiento ¨compartido¨ que muchos aseguraban tener.

Anuncie también ese día mi renuncia y mi mudanza de la ciudad en un futuro próximo, no puedo mentir, nadie pareció realmente interesado en eso último, seguramente porque me recordaban como el borracho que siempre fui.

El siguiente medio año continuo con normalidad, solo una pequeña carga posaba sobre mis hombros y era tal vez transmitida por el único recuerdo que había atesorado de mi esposa, y este seguía torcido.

Y esa noche fue tan clara y tan poco convencional que mi memoria se negó a rechazarla, a pesar de todos los medios por los que intenté hacerlo, nada funcionó. Lo sucedido fue tal vez una seguidilla de alucinaciones que me persiguieron y me persiguen aún, que han significado algo mas terrible que todo lo cometido por mi con anterioridad, algo que luego de presenciarlo le quitaría la posibilidad de contarlo a cualquier intelecto inferior, que no sabría que clase de placebo mental utilizar para quitar la muerta de sus muebles, sus zapatos, su casa.

Fui presa del monstruo que describí al inicio del relato y alimenté sus garras.

Me desperté sobresaltado, con una sensación agria en la boca, y percibí un sonido imposible de identificar, era un sonido constante, no crecía ni decrecía, miré en derredor y no percibí nada, intente concentrar mi oído en ese sonido extraño, pero no lo logré, no logré identificarlo, pero que horrible sonido, quería saber de dónde venía, aunque yo lo sabía, yo lo sabía y lo evitaba. Dirigí la mirada a esa pared y oí claramente lo que me atormentaba, oí garras, oí un grito ahogado, dolido, fantasmal, miré la pintura, algo la golpeaba desde adentro, pero eso era imposible, el cuadro es plano, no tiene profundidad, esos pensamientos no me convencían, y el sonido del oleo rajado me los quitó de la cabeza, oí las garras atacándolo y destrozándolo, y luego oí una voz fina, inconfundible, sonaba reprochante, me atacaba, me buscaba.

Y luego vi saliendo de dentro del cuadro, rajándolo y destruyéndolo, seguido de un grito agudo y escalofriante, el rostro de mi mujer.
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