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 Cuento corto: PARA QUÉ ESTÁN LOS AMIGOS [+18]

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Evil-Perro
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MensajeTema: Cuento corto: PARA QUÉ ESTÁN LOS AMIGOS [+18]   Mar Mar 11, 2014 6:48 am

PARA QUÉ ESTÁN LOS AMIGOS
censuramesta
Neri se la quería coger, eso lo sabíamos todos. Siempre se despedía temprano para ir a platicar con ella cuando salía del trabajo y encaminarla a su casa. No llevaba ni dos semanas, pero ya se estaba desesperando. Por las noches me llamaba y yo lo ponía en el altavoz mientras me comía un sándwich y me platicaba las peores cosas de ella mientras Sergio, en su mesa de dibujo, intervenía cada que lo creía conveniente. De todo lo que me decía sobre ella yo sólo podía resumir que era una mujer normal a la que le gustaba follar y beber tanto como a cualquiera. Lo que jodía a mi amigo era que él la quería para él solo, y por eso le estaba dedicando lo que yo consideraba ya mucho tiempo.
- Las posibilidades que tienes de cogerte a alguien son inversamente proporcionales al tiempo que abras la boca- soltaba Sergio entre trazo y trazo.
- Yo creo que en eso lleva razón- le decía a Neri-. Cuando llegas con alguien y le preguntas si quiere coger, sólo tiene dos opciones: o coge o no coge, y como generalmente no se lo preguntas mientras está cogiendo pues... de no estar cogiendo a poder estar cogiendo sólo hay un “sí”. Así que yo creo que esa es buena estrategia. Claro que también depende mucho de dónde estén cuando se lo pidas; seguramente si se lo pides en un funeral o en una cena familiar y en voz alta, te manda a la mierda.
- Pero qué no entienden que no nada más me la quiero coger- recalcaba Neri.
- Pues yo he escuchado que coge muy rico- soltaba Sergio cuando ya estaba ilustrando.
- Sí, yo he escuchado lo mismo, hay unas historias bien buenas- agregaba.
- Váyanse a la mierda- decía Neri y colgaba, como cada noche desde hacía una semana, cuando estas pláticas habían comenzado.
Era lunes en la noche cuando Sergio llegó todo madreado, ni siquiera hizo falta preguntarle qué había pasado; nada más fui al refrigerador y saqué una bolsa de guarnición congelada y se la puso en cualquier punto de la cara: estaba tan jodido que a cualquier área de su rostro le venía bien. Empezó a platicar por sí mismo mientras yo me preparaba un sándwich de queso porque el jamón se había terminado, y por cuestiones económicas no podía volver a surtir hasta dentro de una semana, así que tenía que decirle a Sergio que esas dos semanas íbamos a vivir sólo de atún y de pan tostado… y de esa bolsa de guarnición congelada que llevaba en la cara, pero eso se lo diría después, porque él ya había comenzado con la historia:
- Estaba en la laptop, como siempre, escogiendo música para ponerme a pintar porque hoy me tocaba pintar para el cabrón ese que quiere sus pinches reproducciones cagadas de John Lennon, cuando hice lo de siempre: abrí tres ventanas de conversación, al azar, y mandé el mismo mensaje a las tres “Yo soy el patán que andas buscando”; y ya te imaginarás quién fue la que contestó mejor. Así que quedamos de vernos en el “Iguanas”. La vi a lo lejos. Iba vestida normal, no se veía tan fácil como me hubiera gustado; entonces pensé que la noche se iba ir a la mierda, casi me podía ver acompañándola y escuchando todas las cosas de siempre “¿cómo andas?”, “¿Qué has hecho?”… nada más de pensar en eso no me cabía la hueva en el cuerpo, así que traté de que me mandara a la chingada para alcanzar a venir a la casa y ver la película esa donde Bruce Willis salva al mundo.
- ¿Armageddon?
- No, la nueva, pero eso equis. La cosa es que prefería mandar todo a la mierda antes que quedar atorado en una situación así. Entonces llegué, la agarré por la cintura, me la apreté como para que me sintiera la verga, y eso que en ni la tenía parada, pero es como que un pinche reflejo, y pues el beso en la mejilla, así nada más de cajón, y le pregunto “¿Qué te parece si mejor no entramos a esta madre y nos vamos a echar un palo aquí cerquita?”, y no sé si lo hayas dicho nada más jugando, pero el caso es que amarró. Y que su casa quedaba en corto, y ahí estoy duro que dale cuando empezó a sonar el mariachi; me asomo por la cortina y no va siendo el pendejo de Rodríguez, el puñetas ese que iba con nosotros en la secundaria, Alejandro Rodríguez; con flores y toda la cosa, y no cualquier ramo pedorro sino flores flores, bien chingonas, el mejor pinche ramo que haya visto… aunque tampoco es que sea yo un conocedor… bueno, entonces ella se asoma y le hace una seña de que ahorita baja, y que la pongo de a perrito y que le sigo dando como si no estuviera el pendejo de Alejandro ahí abajo, y yo que nalgada/ mordida/ cogida y ellos que “Y volver, volver, volver” y ella que sentón/ mamadas/ sentón y ellos que “Si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida”; ya para el final me la estaba cogiendo bien duro, y todo al ritmo de mariachi ¿te imaginas qué mamada? Y yo apretando el paso porque pensaba “Donde empiecen a tocar El Mariachi Loco ya valí madres”, porque ya ves que con esa terminan en todas las bodas y quinceaños, dije “Si ésa empieza ya no me vine y me voy a quedar con todos los huevos inflados”. Pues ahí me tienes dándole durísimo y ya con la verga bien hinchada y ella gime y gime bien cabrón, escondiendo los gritos en la almohada; nada más porque estaba la música que si no de seguro el pendejo de Rodríguez hubiera estado escuchando el choque con las nalgas de su vieja, o no sé si era su vieja… aunque creo que no, porque ahí no te dije que la primera que se echaron fue la de “Volver volver”… bueno el punto es que me vengo y le muerdo una teta, porque siempre que me vengo me gusta morderles una teta. Luego me levanto y camino hacia la ventana, con ese “espíritu mexicano” de las películas viejas, yo creo fue por los pinches mariachis, así como con la intención de gritar eso de que “Sí me he de morir mañana, que me maten de una vez” y que la música se corta de golpe antes de llegar a asomarme; pues me fijo y está el Neri con un ramillo de rosas que hasta lástima daba el pobre, parecía que lo había cagado el ramo grande de Rodríguez; y que los mariachis me ven pero no dicen nada, entonces como que Alejandro sabía box o una chingadera de esas, porque le estaba partiendo la madre bien y bonito a Neri, y ya ves que él pelea chido; pues no me ves corriendo bajando en calzones a ayudarle, y entre los dos le partimos la madre; y que los mariachis dicen que “¡Eh, cabrones, no sean montoneros!” y que me dan un chingazo en la mera cara, y que Neri se me queda viendo que ando en calzones y que esta vieja se asoma por la ventana, pues no creerás que el muy cabrón se da la vuelta y me deja ahí mientras me reventaban el hocico. La verdad que se vio bien mamón, uno que sale a hacerle el paro y el pendejo todavía se siente. Chale, si eso es con los amigos pues ya no sabe uno ni qué pensar… lo único bueno es que me chingué la cartera de Rodríguez.
- Y su vieja- agrego.
- Y su vieja- dice su rostro madreado, por entre lo que creo reconocer como una sonrisa.
- Pues sácate para una pizza ¿no?- le digo y echa la cartera sobre la mesa- ¡Se mamó! Con esto nos alcanza para todo el mes.
- Sí, que pinches cuadros de John Lennon se pinten solos- dice levantando el dedo medio al rincón donde están sus pinturas- … de una vez saca unas “Indio” de las de hielera ¿no?.

Entonces llamo a la pizzería, me pongo una chamarra para ir por las cervezas y cuando vuelvo comemos y bebemos como casi nunca, sin estar en medio de una llamada de Neri, sin que Sergio esté pintando y sin que yo esté pensando de dónde va salir la renta ni de dónde vamos a sacar para comer. Vemos un partido de futbol americano, porque eso es lo que a mi hermano le gusta ver mientras bebe. Y ya se está quedando dormido cuando, con cerveza en mano, voy la lap, abro tres conversaciones al azar, y le grito “Oye, cabrón ¿Cómo dices que era la frase?”.


fuente: https://www.facebook.com/Bonitocliche/posts/554708037961751?stream_ref=10

______________________________
¿Qué fuegos arden en mi corazón y me fuerzan a enfrentarme
a los peligros que me aguardan al final de este trágico viaje?
He caminado por las sendas que conducen al infierno,
he desafiado a todo salvo al destino.
He luchado y he sangrado y he continuado únicamente
para llegar hasta la puerta final.
Y ahora se alza frente a mí la tarea que me aguarda,
esta terrible empresa inacabada.
No flaquearé en mi lucha contra los tres hasta que la batalla esté ganada.
¿Qué temor o herida podría silenciar este último grito de desafío,
cuando me enfrento a la sombra bajo un cielo en llamas que parece no tener fin?
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